Trascendencia

Fuente: Lamujermisteriosaoriginal. Página de facebook.

Me gustaba hacer el amor con el cuentista. Entrar a su cuarto oscuro, desordenado y oloroso a colonia, como él. Sentarme a su lado a mirar la calle gris anegada de lluvia. Me aburría ver la pobreza del barrio, pero eso era lo que me hacía tenerlo como amante; quería distraerlo de su penuria y darle un poco de gozo. Fue una hermosa relación. Estoy segura de que me extraña. Nunca fui celosa, por el contrario, compartí la nostalgia de sus viejos amores y siempre me sometí, sobre los papeles revueltos de su cama, a todos sus caprichos, antes de hacerlo estallar con mis susurros.

Sin embargo, el cuentista cambió. Aquellos pájaros que volaban entre nosotros no aletearon más. Algo misterioso lo poseyó. Se mudó de barrio y sus sonrisas fueron para las cámaras y sus admiradores. Incluso, mis visitas comenzaron a disgustarle. Me acusó de ser exagerada, de que mis conversaciones lo sumían en el dolor. Huyó de mi desnudez y pretendió olvidar que conmigo fue el más feliz de los hombres.

No creyó que fuera a abandonarlo cuando lo descubrí. Mi mejor amante se había vuelto sumiso ante ese hombre, su editor y se sentía en deuda con él “¿Qué le debes? no te conoce como yo”, reproché. Después de elogiar sus cuentos, los que yo le conté, por cierto, le indicaba qué habrían de decir los próximos; y mi hermoso cuentista obedecía, no sin disgusto, lo sé, pude verlo en la poca calidad de su escritura. Traté de hacerlo volver a mí, de seducirlo y hacerlo perderse conmigo en el tiempo, pero siguió ignorándome como a una visión indeseada. Y aunque dejé de insistir en nuestro amor, regresé a su casa, con la inocente intención de ayudarlo a mejorar sus narraciones que cada vez eran peores, también porque me sentía sola y no sabía qué hacer por las tardes de lluvia. Fue inútil. “¡He conocido a otro hombre, un mejor escritor y me iré con él! ¡Te dejaré solo y vacío!” le grité, cansada de su indiferencia. “No entiendes que no todo se trata ti, de la musa, de la inspiración. También es importante la trascendencia”, respondió. “Arrogante. Vanidoso. Te vas a arrepentir” agregué furiosa. “Ya volverás”, le escuché decir detrás de la puerta.

Pero no sólo él me ha herido, yo también lo he engañado. El cuentista se quedó mirando caer las gotas sobre los vidrios sucios, con sus hojas en blanco esparcidas por la cama y esperando mi regreso. Ni una historia ha salido de su pluma. Algunas veces tengo la tentación de volver y decirle que no soy una musa. Que no existe ningún prodigio momentáneo en mi llegada. Que no tiene que esperarme porque lo que él (y otros) me atribuyen, es apenas el susurro de lo que leo en sus bellos y soñadores ojos. Y que ha creído necesitarme porque no ha aprendido leerse a sí mismo. De eso tengo ganas algunas veces, pero no lo haré, él mismo lo dijo: también es importante la trascendencia.

Publicado por Escritura a pleno sol

Autora de Aves negras, libro de cuentos. Ed. Mesa Literaria 2020.

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