Fábulas, de Julia Otxoa

Siguiendo el ejemplo de los cuentos de Las mil y una noches, el reo comienza a relatar fábula tras fábula a su verdugo, con el fin de entretenerle y retrasar al máximo el momento de su muerte. Pero ocurre que en mitad de la noche se le acaban de pronto las historias y ya noSigue leyendo “Fábulas, de Julia Otxoa”

Salsa agridulce, de Juan García Armendáriz

Vencida la aprensión que al principio nos produjo el licor de lagarto —el bicho, introducido en la botella como un feto retorcido y escamoso, tenía de color verde el alcohol —, mi compañero y yo bebimos varias tacitas de porcelana de aquel aguardiente que la camarera, con sonrisa oriental y sumisa, nos fue sirviendo duranteSigue leyendo “Salsa agridulce, de Juan García Armendáriz”

La paradoja de Protágoras, de José Antonio Marina

Protágoras convino con Euatlo que le enseñaría Retórica para ser abogado y que no le cobraría sus lecciones hasta que Euatlo ganara su primer pleito.Después de aprender el oficio, Euatlo decidió no ejercerlo nunca, con lo que evitaba tener qu pagar a su maestro. Protágoras le demandó ante los tribunales y argumentó de esta manera:—Sigue leyendo “La paradoja de Protágoras, de José Antonio Marina”

La misión del héroe, de Tomás Borrás.

El héroe tenía una misión que cumplir. Armado y con el caballo a la puerta, iba a partir para salvar a su pueblo. La esposa le imploró que renunciara a la hazaña: Puede costarte la vida. Confórmate con la vida y el amor – le repetía llorosa, inclinada.El héroe, para cumplir con su deber, sacóSigue leyendo “La misión del héroe, de Tomás Borrás.”

Literatura, de Julio Torri

El novelista, en mangas de camisa, metió en la máquina de escribir una hoja de papel, la numeró y se dispuso a relatar un abordaje de piratas. No conocía el mar y sin embargo iba a pintar los mares del Sur, turbulentos y misteriosos; no había tratado en su vida más que a empleados sinSigue leyendo “Literatura, de Julio Torri”

Los ojos culpables, de Ah´med Ech Chiruani

Cuentan que un hombre compró a una muchacha por cuatro mil denarios. Un día la miró y se echó a llorar. La muchacha le preguntó por qué lloraba; él respondió:— Tienes tan bellos los ojos, que me olvido de adorar a Dios.Cuando quedó sola, la muchacha se arrancó los ojos. Al verla en eses estado,Sigue leyendo “Los ojos culpables, de Ah´med Ech Chiruani”

Franz Kafka y la niña, de Joseba Sarrionandía.

Imagínate, Franz Kafka en una calle de Praga. No, no es en Praga, es otra ciudad. Imagínatelo en una calle de Berlín. En el noviembre de 1923, él y Dora Dymant cambiaron de casa —Grunewaldstrass, 13 —y alquilaron dos habitaciones en casa de un médico.Imagínate aquel escritor, afectado ya por la tuberculosis, paseando por laSigue leyendo “Franz Kafka y la niña, de Joseba Sarrionandía.”

Presunto inocente, de Marisol Gámez

Cubro la lamparilla de noche con una camisa. Disminuir la luz del cuarto evitará que la enfermera note que sigo despierto. Casi puedo escucharla: -¡Emilio! ¡Deja esas lecturas de una vez! ¡Te hacen daño! — bla, bla, bla… no soporto a esa loca. No las dejaré. Pocas páginas y habré terminado el libro. Cuando salgaSigue leyendo “Presunto inocente, de Marisol Gámez”

El deseo de toda mujer dominante

—No te vayas cariño… está bien, pero antes de irte, siéntate aquí un momento y responde: si este lápiz fuera una varita mágica que modificara a las personas ¿Qué cambiarías en mí? —preguntó Katy. Gustavo miró el reloj. No estaba para juegos; apenas tenía tiempo quitarse el olor a sexo con una ducha y salirSigue leyendo “El deseo de toda mujer dominante”

El otro tratado

“Villa de Guadalupe Hidalgo. 3 de enero de 1848”, gritó el pregonero. Hizo una pausa para continuar.             “Ayer, a las seis de la tarde se firmó en esta población el tratado de paz entre los representantes de los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América que pone fin al estado de guerraSigue leyendo “El otro tratado”