Presunto inocente, de Marisol Gámez

Cubro la lamparilla de noche con una camisa. Disminuir la luz del cuarto evitará que la enfermera note que sigo despierto. Casi puedo escucharla: -¡Emilio! ¡Deja esas lecturas de una vez! ¡Te hacen daño! — bla, bla, bla… no soporto a esa loca. No las dejaré. Pocas páginas y habré terminado el libro. Cuando salgaSigue leyendo «Presunto inocente, de Marisol Gámez»

El deseo de toda mujer dominante

—No te vayas cariño… está bien, pero antes de irte, siéntate aquí un momento y responde: si este lápiz fuera una varita mágica que modificara a las personas, ¿qué cambiarías en mí? —preguntó Katy. Gustavo miró el reloj, no estaba para juegos, apenas tenía tiempo quitarse el olor a sexo con una ducha y salirSigue leyendo «El deseo de toda mujer dominante»

El otro tratado

“Villa de Guadalupe Hidalgo. 3 de enero de 1848”, gritó el pregonero. Hizo una pausa para continuar.             “Ayer, a las seis de la tarde se firmó en esta población el tratado de paz entre los representantes de los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América que pone fin al estado de guerraSigue leyendo «El otro tratado»

Una pequeña y gran muerte

Hace unos minutos, la señorita Rosario acercó su nariz al pastel. Su favorito, chocolate con orillas de betún. Enterró en el centro una vela grisácea con forma de signo de interrogación; se la dio su madre el día que cumplió cuarenta. A Rosario le gustaba esa vela porque era como recorrer una larga distancia; manteníaSigue leyendo «Una pequeña y gran muerte»

La tranquilidad de Susi

―Siento decirles que, a raíz del accidente, su pequeña niña quedará con un severo problema de sordera ―dijo el doctor. Susi observa con atención los labios de ese hombre de bata blanca y entiende con claridad el mensaje. Percibe la angustia palpitante de su madre y quiere tocarle la cara mojada, pero sus bracitos noSigue leyendo «La tranquilidad de Susi»

Trascendencia

Me gustaba hacer el amor con el cuentista. Entrar a su cuarto oscuro, desordenado y oloroso a colonia, como él. Sentarme a su lado a mirar la calle gris anegada de lluvia. Me aburría ver la pobreza del barrio, pero eso era lo que me hacía tenerlo como amante; quería distraerlo de su penuria ySigue leyendo «Trascendencia»