Los ojos culpables, de Ah´med Ech Chiruani

Cuentan que un hombre compró a una muchacha por cuatro mil denarios. Un día la miró y se echó a llorar. La muchacha le preguntó por qué lloraba; él respondió:— Tienes tan bellos los ojos, que me olvido de adorar a Dios.Cuando quedó sola, la muchacha se arrancó los ojos. Al verla en eses estado,Sigue leyendo “Los ojos culpables, de Ah´med Ech Chiruani”

Franz Kafka y la niña, de Joseba Sarrionandía.

Imagínate, Franz Kafka en una calle de Praga. No, no es en Praga, es otra ciudad. Imagínatelo en una calle de Berlín. En el noviembre de 1923, él y Dora Dymant cambiaron de casa —Grunewaldstrass, 13 —y alquilaron dos habitaciones en casa de un médico.Imagínate aquel escritor, afectado ya por la tuberculosis, paseando por laSigue leyendo “Franz Kafka y la niña, de Joseba Sarrionandía.”

Hablaba, y hablaba, de Max Aub

… y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? HubieraSigue leyendo “Hablaba, y hablaba, de Max Aub”

La fábula del ciervo y el arroyo, de Íñigo Pirfano

Se acercó el ciervo a la superficie del arroyo. Se vio reflejado en ella.“¿Cuál de los dos es real…?, pensó. Y se volvió a sumergir. Tomado del libro: Dos veces cuento, Antología de Microrrelatos Lee otros microcuentos en: Miniaturas de cuento

La metamorfosis, de Albert García Elena

Al despertar Gregor Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontrose en su cama convertido en un monstruoso insecto. Al apreciar que tenía alas, no se lo pensó dos veces y sin dilación se fue al trabajo volando por la ventana, saltándose los semáforos y la Ronda Litoral. Sus superiores quedaron tan gratamente sorprendidos porSigue leyendo “La metamorfosis, de Albert García Elena”

Sin título, de Gabriel García Márquez

…el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de la ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modoSigue leyendo “Sin título, de Gabriel García Márquez”

Alas, de Enrique Anderson Imbert

Yo ejercía entonces la Medicina, en Huamahuaca. Una tarde me trajeron un niño descalabrado: se había caído por el precipicio de un cerro. Cuando, para revisarlo, le quité el poncho, vi dos alas. Las examiné: estaban sanas. Apenas el niño pudo hablar le pregunté:―¿Por qué no volaste, m´hijo, al sentirte caer?―¿Volar? ―me dijo―. ¿Volar, paraSigue leyendo “Alas, de Enrique Anderson Imbert”

Revolución, de Slawomir Mrozek

En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa. Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí. Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver. Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento eraSigue leyendo “Revolución, de Slawomir Mrozek”